3 de mayo de 2009

Silla

Algunas citas de Silla de José Saramago.
De esta manera queda probado que el mundo no es perfecto.
Apuesta a lo seguro y ganas.
Lo cierto es bastante mejor, sobre todo cuando se ha esperado mucho por lo dudoso.
[...] Pues es bien sabido que las despedidas son siempre demasiado rápidas para merecer realmente ese nombre.
Con lo cual queda probada la existencia del alma, por la demostrativa vía de un efecto que, está dicho, precisamente no podríamos experimentar sin ella.
El principio de la muerte.
La cuchilla de la guillotina corta, pero ¿quién pone el cuello? El condenado. Las balas de los fusiles perforan, pero ¿quién da el pecho? El fusilado. La muerte tiene esta peculiar belleza de ser tan clara como una demostración matemática, tan simple como unir con una línea dos puntos, siempre que ésta no exceda el largo de la regla.
Demos tiempo al tiempo.
Los santos están de espaldas, silban, se fingen distraídos, porque saben muy bien que no hay milagros, que nunca los hubo, y cuando algo de extraordinario ha sucedido en el mundo, su suerte fue estar presentes y aprovecharla.
[...] Pues no es malo que alguien desee lo que es suyo propio.
Lo que tenía que suceder, sucedió.
Para interrumpir el ciclo no todo basta, pero la menor cosa bastaría.
Ésta [...] sería otra historia, quién sabe si ya contada.
Porque un segundo es un siglo.
La explicación podría ser, naturalmente, mucho más lenta y minuciosa, pero para eso nada como la autopsia.
Y ahora, la pregunta fundamental: ¿para qué sirve el cerebro, vulgo sesos? Sirve para todo porque sirve para pensar. Pero, atención, no vayamos a caer ahora en la superstición común de que todo cuando llena el cráneo está relacionado con el pensamiento y los sentidos. Imperdonable engaño, señoras y señores. La mayor parte de esta masa contenida en el cráneo no tiene nada que ver con el pensamiento, no tiene nada que ver con esto. Sólo una cáscara muy fina de sustancia nerviosa, llamada corteza, con cerca de tres milímetros de espesor, y que cubre la parte anterior del cerebro, constituye el órgano de la conciencia. Repárese, por favor, en la perturbadora semejanza que hay entre lo que llamaremos un microcosmos y lo que llamaremos un macrocosmos, entre los tres milímetros de corteza que nos permiten pensar y los pocos kilómetros de atmósfera que nos permiten respirar, insignificantes unos y otros, y todos, a su vez, en comparación ni siquiera con el tamaño de la galaxia, sino con el simple diámetro de la tierra. Pasmémonos, hermanos, y oremos al Señor.
Hace mucho tiempo que no teníamos un tiempo así.

1 comentario:

ExPedro Pablo dijo...

muy diligente señor Pedro