- Cuando uno se lava la cabeza los pensamientos se purifican.
- Hay papeles en blanco que se enamoran de una lapicera.
- Para sacar provecho de la ruleta, hay que concurrir al casino con muy poca plata y salir corriendo cuando se gana.
- El semáforo rojo es formidable, porque allí se frena el que me persigue.
- Trabajé 15 años en una inmobiliaria y uno de los patrones me llevaba en ciertas ocasiones a su casa para que lo ayudara en algunas traducciones. Luego me devolvía en su auto a la oficina. Una vez, desde la rambla costanera, se metió en una calle que subía y me dijo: "Mira, muchacho, cómo la gente me conoce y me saluda". No tuve más remedio que decirle: "No, don Gastón, no lo saludan, sólo le hacen señas porque usted va a contramano".
- En el silencio caben todos los ruidos.
- Las ventanas son los ojos del mundo y las cortinas son sus párpados.
- Desgraciadamente, la usura, al igual que las viejas iglesias, no tiene cura.
- Lo contrario del aire es el desaire.
- Hay cuerdas vocales, pero no hay cuerdas consonantes.
- La gran ventaja de las estatuas es que no tienen hígado.
- Las estrellas errantes no tienen brújula.
- Mi economía es lo contrario de la econotuya.
- En la civilización occidental, el eructo es una opinión desfavorable.
- Cuando un asesino se entrega y confiesa, sólo hay que creerle la mitad.
- En los perdones, siempre hay una pizca de hipocresía.
- A la gente demasiado desenvuelta, de vez en cuando conviene envolverla.
- Las ubres de las señoras se llaman tetas.
- Con motivo del célebre Diluvio, se crearon el Arca de Noé y el paraguas.
- Aquel astuto sacerdote, cuando decidió jubilarse, escribió una obra en tres volúmenes con los incontables pecados que desfilaron por su confesionario.
- En la naturaleza hay pasajes tan hermosos, que uno corre a comprarles un marco.
- En la cabeza tenemos dos sienes. Sien más sien suman doscientos.
- Kali, Abrimán, Hades y Caronte han sido desde siempre seres malignos. Últimamente se incorporó Bush.
- Los ascensores suben al décimo piso y luego vuelven a planta baja, pero nadie los llama descensores.
- Lo más estimulante de la burocracia es el final del horario.
22 de mayo de 2009
Cachivaches
Mario Benedetti (Cachivaches)
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1 comentario:
Me fascinó pensar en que al silencio le caben todos los ruidos, ¡qué amplitud!
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